EL LÁTIGO…
Escayola/ Noticias
Jueves 05/09/2024
Felipillo Hernández: Del aula al palacio, y ahora se va por la puerta trasera
Es verdaderamente lamentable observar cómo Felipillo Hernández, quien alguna vez fue un profesor de preparatoria con la aspiración de servir a su natal Ostuacán como presidente municipal, ahora huye por la puerta trasera del palacio municipal, marcado por el fracaso y el escándalo. En sus tres años de administración, Hernández no solo incumplió los compromisos que hizo durante su campaña, sino que cayó en las redes de la corrupción, sofocando las voces críticas con cárcel.
Lo que comenzó como una promesa de cambio y progreso, terminó siendo un gobierno desastroso, donde la represión fue la respuesta a las demandas legítimas de la población. Un ejemplo claro es lo ocurrido en la comunidad de Catedral, donde los pobladores, cansados de la falta de servicios básicos como agua entubada, se vieron enfrentados a un presidente que, lejos de escuchar sus necesidades, respondió con amenazas y órdenes de aprehensión fabricadas en complicidad con el fiscal de distrito, José Francisco Gómez Arias.
Es insólito que el simple hecho de exigir algo tan elemental como el acceso al agua, haya sido motivo suficiente para que Hernández, aliado con un ranchero adinerado, orquestara una campaña de intimidación contra los habitantes de Catedral. En lugar de resolver el conflicto, que surgió cuando el ranchero cerró el suministro de agua a la comunidad, Hernández prefirió castigar a quienes alzaron la voz. Estos pobladores ahora viven en el temor constante de ser detenidos, no por cometer algún delito, sino por exigir el derecho al agua.
Hernández ha mostrado una clara desconexión con la realidad de sus gobernados, cegado por un poder que jamás supo manejar. Su administración no solo estuvo marcada por la corrupción y el abuso de autoridad, sino también por una falta de empatía y comprensión hacia las necesidades más básicas de la población. Mientras el pueblo exigía mejoras en los servicios, él respondía con cárcel y represión.
A menos de un mes de que termine su mandato, la población de Ostuacán espera ansiosa el momento en que Hernández deje el cargo para la autoridad correspondiente le finque responsabilidades penales por el cochinero en que tiene la cuenta pública y el desvío millonario superior a los 30 millones de pesos que el ASE encontró en las diversas auditorias que realizó al municipio de Ostuacán. Su salida marca el fin de una administración que será recordada por su ineptitud, abusos y promesas incumplidas. Lo más irónico de todo es que este hombre, quien alguna vez fue un honorable profesor, ahora regresará a las aulas no como un líder respetado, sino como un político fracasado que dejó una huella de decepción en su comunidad. Es una lástima que su paso por el servicio público no solo haya sido desastroso, sino que también manche la reputación de la escuela a la que volverá.
Felipillo Hernández se creía intocable, dueño del poder y del pueblo. Al comenzar a relacionarse con políticos de dudosa reputación y trácalas, como Rubén Zuarth, empezó a seguir su ejemplo. Dejó de comprar su ropa en tiendas como Chedraui, y comenzó a lucir zapatos, pantalones y camisas de Palacio de Hierro y Liverpool, además de adquirir y presumir camionetas lujosas y relojes caros, todo ello a costa del saqueo de los recursos públicos.
Pero al final, como tantos otros antes que él, descubrirá que el verdadero juicio no lo dicta el poder, sino el pueblo que, tarde o temprano, se encargará de ponerlo en su lugar. La primera de muchas facturas por pagar llegó en el pasado proceso electoral, cuando la gente decidió apoyar al «sombrerito» en lugar del candiGATO de Felipillo, con el que buscaba perpetuarse en el poder. Sin embargo, el sabio electorado le dio un voto de castigo a Felipillo enviándolo de regreso al rancho del presidente Obrador.
Se anota en agenda para que no se olvide.
Servidos.









